El exilio forzado

Hoy el corazón me late fuerte, está acelerado, así como cuando estás a punto de saltar al vacío, bueno nunca he hecho paracaidismo ni bungee jumping o algo que se le parezca, pero me imagino que así se siente.

Y más o menos así ha sido desde principios de este año, bueno en realidad había sido una montaña de emociones hasta hoy que ese salto se vuelve inminente.

Muchas veces he escuchado que hay que tener cuidado con lo que uno desea porque se puede cumplir. Hace años cuando me preguntaba si yo migrara a dónde me iría, siempre contesté que para el Sur, aunque no conocía Sudamérica, ni tampoco soy economista, las estadísticas, los números me daban una idea bastante clara de que la mayoría eran países con oportunidades laborales, eso sin contar que algunos de esos países tienen gobiernos que se acercan bastante a lo que yo considero un buen gobierno, no perfecto, pero bueno. Pero Sudamérica es muy grande, me decían. Entonces, yo contestaba, Ecuador o Bolivia serían una opción para mi. Por su puesto la mayoría se me quedaba viendo incredulidad ¿cómo era posible que yo pensara buscar una mejor vida en países como esos, cómo era posible que no dijera Canadá o algún país europeo? Me imagino que la gran mayoría pensaba que estaba loca, que no tenía ni idea del mundo. Pero, el tiempo me fue dando la razón y entonces empezaron las grandes oleadas migratorias de europeos, sobre todo españoles a Perú, Ecuador, Argentina y un poco a Venezuela, incluso los miles de ecuatorianos que hacía años habían migrado a España buscando una vida mejor, empezaron a regresar a su país. Empezaba a haber trabajo y facilidades para la inversión, cosa que en el llamado primer mundo ya no había ni hay.

En ese entonces, hace unos cinco años, para mi esas peguntas era escenarios eran ficticios, jamás se me hubiera ocurrido realmente migrar, porque a pesar de que sabía que en México había muchas cosas de cabeza y que no era fácil, tenía la esperanza de que de algún modo pudiéramos ir enderezando y ordenado parte del caos. Siempre pensé que mi lugar era mi país, que México merecía que los mexicanos se quedaran, que no nos fuéramos a USA o Europa, que nuestros conocimientos y experiencia deberían de servir para mejorar el país. Siempre pensé que este país me dio la oportunidad de estudiar dos carreras, por las que pagué montos irrisorios, que México me había permitido estudiar en una de las mejores universidades del mundo, la mejor de Latinoamérica en mi área, y que lo mínimo que podía hacer en muestra de agradecimiento era quedarme y poner mi granito de arena, ser parte de la playa que podía mejorar al país. Así fue como por muchos años me negué a salir de México definitivamente, me negué a buscar becas como boleto para migrar, me negué a buscar trabajo fuera de mi país, hasta que un día en el que todo lo pensaba y soñaba estaban muy alejados de la realidad.

Mis ganas de creer que México podía cambiar, incluso, me llevaron a pensar en diciembre de 2012, que con la llegada del PRI podían haber pequeños cambios, tal vez no de la forma que me hubieran gustado, pero si el plan del PRI era malbaratar todo México, por lo menos tenía que crear las condiciones económicas propicias para que la inversión extranjera viniera a comprar el país, pensaba que la economía se iba a reactivar, que iba a haber circulante, que el poder adquisitivo iba a aumentar, pero no fue así.

Desde el 2011 no tengo un trabajo fijo, tengo 33 años, me la he pasado en trabajos con contratos temporales, que aunque en esas épocas no era legal, era una práctica generalizada. Trabajo desde los 23 años y en 10 años de trabajo no tengo ahorro para el retiro, bueno lo que tengo es de risa, es más ni siquiera tengo los puntos suficientes para un crédito en el INFONAVIT. Y desgraciadamente no soy un caso aislado, mi situación es la misma de millones de mexicanos.

El 70% de mi amigos, de mi generación, han logrado un poco de estabilidad económica a base de becas para maestrías y doctorados, porque resulta que prefieren una beca de 8 mil pesos, que les paguen por estudiar, como ellos dicen, a que les paguen mensualmente 6 mil pesos por un trabajo calificado… y así de repente dentro del privilegiado 11% de mexicanos que tienen acceso a la educación universitaria, hay un grupo de maestros y doctores de 30 años que en su vida han trabajado, que no tienen experiencia laboral, pero que tienen una formación académica impecable y que una vez que no les quede otra opción más que salir al campo laboral recibirán salarios de 15 mil pesos. Durante estos tres últimos años, muchos me dijeron “déjate de problemas, deja de buscar trabajo, pide una beca, haz una maestría”, nunca consideré eso una opción, si con dos carreras y 10 años de experiencia me negaba a recibir sueldos de 15 mil pesos, con una maestría, para mi era impensable aceptar montos similares.

Me dijeron diva, arrogante, que yo no entendía que las cosas habían cambiado, que había mexicanos que ganaban 6 mil pesos mensuales, cómo me atrevía yo a aspirar a ganar 30 mil pesos, quién era yo para desear un sueldo digno, qué tenía yo de especial que me hacía pensar que tenía derecho a ser bien remunerada, en México seguramente había millones mejor preparados que yo ganando un tercio de lo que yo quería; me decían, bueno todavía me dicen, que ahora las cosas son así y que hay que “apechugar”, que es la realidad de mi país.

Durante tres años intenté de todo para sobrevivir, para apechugar, me puse a hacer corrección de estilo, a freelancear, intenté la publicidad y hasta aprendí a cortar el cabello, sin dejar de buscar un trabajo que realmente me hiciera feliz y me diera al menos para sobrevivir. Nunca llegó.

Fui a infinidad de entrevistas de trabajo, para muchos, según ellos, no tenía la experiencia suficiente para el puesto que quería entonces en vez de pagarme 15 mil me iban a pagar 8 mil pesos, en otros sabía demasiado para el puesto que iba a ser mío por 6 mil pesos si quería y que toda mi experiencia pues no les interesaba mucho porque no la iba a necesitar; una revista de viajes quería que fuera editora general por 18mil pesos, una de cultura por 12 mil, una editorial me dijo que no sabía suficiente inglés para corregir sus libros y que si quería me iban a pagar 5 mil pesos, porque ahí iba a aprender inglés. Una revista me ofreció 25 pesos la cuartilla, otra revista me mandó a estudiar marketing para que me pudieran pagar 12 mil pesos. Milenio me ofreció 15 mil pesos, pero como mi CV tenía una coma de más si quería trabajar ahí me iban a pagar 8 mil pesos y 3 meses a prueba. Por su puesto, muchos me decían que estaba loca, que como me atrevía a rechazar sueldo así. Por eso me fui a aprender a cortar el cabello, total si no tenía otra opción más que ganar 8 mil pesos, pos prefería hacerlo cortando el cabello y pintando uñas, sin estrés, chismeando con el cliente y escuchando EXA.

A finales de 2013 cuando salí de Grupo Expansión, en dónde me pagaban un poquito más que en la mayoría de los lugares en dónde había buscado trabajo, pero que tampoco era EL sueldo, toqué fondo y tuve que replantear completamente mi vida.

No solo había pasado más de dos años buscando trabajo, sino que aparte vivía en un país con total impunidad, en un país en el que se castiga y se insulta a los maestros, pero se perdona y alaba a los ladrones, en un país dónde los jóvenes aspiran a ser sicarios y narcotraficantes y no astronautas o si quiera jugadores de futbol. Vivía en una ciudad en la que no te puedes bajar del metrobús porque hay una masa de personas que no son capaces de moverse para que los que tengan que salir lo hagan y la única forma de hacerlo es empujando, vivo en una ciudad en donde las calles y el transporte público están llenos de mierda radioctiva, vivo en una ciudad en la que hay que multar con más de 2 mil pesos a quien se niegue a pagar el boleto del metro, pero en la que nadie es responsable de que la línea 12 no solo esté mal hecha sino que haya puesto en peligro la vida de miles de mexicanos. Vivo en un país en donde Televisa, Cemex, Carlos Slim y sus amiguis no pagan impuestos, pero al ciudadano común de su pinche sueldo de 6 mil pesos le quitan el 30% mensual. Vivo en un país donde la gente se queja mucho de los diputados, pero la secretarias no pueden ser interrumpidas en su plática por teléfono. Vivo en un país en el que el Estado no puedo garantizar la seguridad de sus ciudadanos y cuando ellos se procuran esa seguridad son delincuentes. Vivo en un país en el que hasta los sacerdote saben dónde viven los delincuentes pero la policía no sabe. Vivo en un país en el que me encañonaron por un iPhone enfrente de cámaras de seguridad del GDF y cuando fui a levantar la denuncia, me trataron como delincuente, me amenazaron, me hicieron un interrogatorio de 4 horas, y resultó que las cámaras no servían, así que no podían saber si yo decía la verdad, pero lo más probable es que yo lo había perdido y quería cobrar un seguro, que por cierto ni tenía; vivo en una país en el que un agente de transito que hace bien su trabajo es insultado por todos los pasajeros de un camión que quieren llegar a su casa e impiden que le levante una multa al chofer que va a hablando por el celular, porque “para qué la hace de pedo? En este país así funcionan las cosas” y así queremos vivir, eso sí el día que nos atropelle el chofer ese le vamos a mentar la madre, pero mientras no nos pase a nosotros, pos qué chingados? A mi que me dejen ser, pinche gente que se mete a las filas, pero si yo lo hago es porque tengo prisa; pinches diputados ladrones, pero si yo me chingo a mi cliente qué importa, necesito el dinero y aparte demuestro que soy súper chingon; pinche burócrata que se está comiendo su torta de tamal y no me atiende, pero si yo haga mal mi trabajo ¿Qué esperaban con lo que me pagan?; pinches maestros huevones que se pongan a trabajar, muchos quisieran su sueldo de 5 mil pesos, pero eso sí que tengan el nivel de cualquier internado suizo; pinche EPN pendejo, maldito, ignorante, pero aparte de que “esciven aci” no movieron un solo dedo para protestar contra la reformas, es más ni saben de qué se trata las reformas; e infinidad de ejemplos.

Porque el único país, de los más de 20 en los que he estado, en el que he visto la misma miseria y mierda que hay en México es en Haiti, el país más pobre de Latinoamérica y uno de los 10 más pobres del mundo, porque ni en Palestina un territorio ocupado desde hace más de 60 años y sin servicio de limpieza hay tanta basura en la calle, porque hasta en Egipto con su, esa sí para que vean, sociedad patriarcal, los hombres se paran de su asiento para dárselo a una anciana, una mujer embarazado o con un bebé en brazos; porque hasta en Perú en donde el transporte urbano es del año del caldo, están relativamente cuidados; porque todo eso y más me di cuenta que el problema no es la pobreza, el problema es la sociedad en la que vivo, porque el problema de la mayoría de los mexicanos es que no saben lo que es la dignidad, porque nos gusta vivir en la corrupción, nos gusta vivir en la basura, nos gusta ensuciar, nos gusta romper, nos gusta quejarnos, pero no hacemos nada, absolutamente nada para cambiarlo y cuando alguien se atreve a hacerlo, es un maldito vago, bueno para nada, arma pedos, flojo que no quiere trabajar, seguidor del diablo (Chávez).

Y darse cuenta de eso duele, duele mucho, duele como cuando te das cuenta que tu novio, del guey que estas enamorada resulta ser una escoria, un cabrón, un hijo de puta, se te rompe el corazón.

Así, con el corazón roto decidí migrar, total si tenía que buscar trabajo, muy bien lo podía hacer también fuera de México, Sudamérica no era mi única opción, me dediqué a mandar CV a todas partes del mundo, postulé a través de paginas webs y hasta mandé correo con mi CV a editores a infinidad de lugares y me compré un boleto para Perú, si encontraba trabajo antes iba a perder ese viaje, pero si no, entonces el objetivo era ir a buscar trabajo, hacer lo mismo que iba a hacer aquí pero en otro lado. En realidad elegí Perú, como ya saben porque el boleto era una ganga.

Pasaron semanas, sin que sucediera algo, ni siquiera un “gracias, pero no”… llegó el 2014 y regresé a la estética, mi viaje a Perú era hasta febrero y tenía que ocuparme en algo, hasta que finalmente un día recibí un correo con una oferta de trabajo para Ecuador, sonaba bastante bueno para ser real. Cuando llegué a mi casa y leí el correo acepté el trabajo sin pensarlo, hacía meses que había mandado mi CV a TeleSUR para ser corresponsal, mis sueños de ser editora de noticias habían sido bastante minados, así que le tiré a una corresponsalía.

Me ofrecían una plaza en Ecuador como editora de noticias, no sabía el sueldo, no sabía las condiciones y aún así acepté, cuando les conté a mis papás les dije “si me pagan lo mismo que aquí me voy a ir, no puede estar tan mal. La vida en Ecuador es más barata que aquí”.

Un par de días después, me llamaron desde Caracas para explicarme en qué consistía el trabajo, sus expectativas, me explicaron cómo había sido el proceso de reclutamiento, me preguntaron también mis expectativas, hablamos de mis razones por las cuales estaba dispuesta a salir de México, me preguntaron cuánto esperaba ganar, se rieron un poquito cuando les di un monto, yo tenía tres años de escuchar que lo que pedía era demasiado, que en ninguna lugar me iban a pagar lo que pretendía, Telesur me dijo “el sueldo es mucho mayor a lo que pides. Tienes 48 horas para escribir una carta de motivos y un plan de medios. Si pasas a la siguiente ronda, Recursos Humanos se va a poner en contacto contigo, para hacerte una propuesta formal económica y seguir el proceso”. Hice lo que me pidieron y finalmente Recursos Humanos se puso en contacto conmigo.

Así que de repente resultó que sí podía ganar más de 8 mil pesos, resultó que mi experiencia era suficiente para no sólo ser editora en inglés de un servicio internacional de noticias, sino que era suficiente para ser parte de un equipo de trabajo que tendrá en sus manos la misión de lanzar el servicio en inglés, por su puesto resultó que efectivamente mi inglés era suficiente para ser la única editora latinoamericana de ese servicio, también resultó que mi activismo por primera vez fue valorado y no considerado una pérdida de tiempo, una práctica chaira o algo que tenía que ocultar, resultó que mi activismo era prueba de que conocía al menos la realidad del país en el que vivo.

Resultó que la primera semana de enero en menos de tres días y después de tres años pude confirmar que había hecho bien en salir de Xinhua, que lo mejor que había podido hacer es salirme en medio de la entrevista de trabajo en la que me ofrecían 12 mil pesos como editora general de una revista, que yo tenía razón al pensar que mis conocimientos, habilidades y experiencia no valían 8 mil pesos, también me dio mucha satisfacción confirmar que efectivamente los que me dijeron que tenía que saber más y casi, casi pagarles para trabajar en sus revistitas, periodiquitos y suplementitos son unos idiotas, que seguirán dirigiendo medios minúsculos porque les da miedo contratar periodistas con la misma o más experiencia que ellos y como les da miedo perder su chamba, pues prefieren contratar gente que no está calificada para pagarles tres pesos.

Hoy estoy a pocos días de subirme a un avión sin boleto de regreso, voy a un país que no conozco, en el que nunca he estado, en el que siempre dije me gustaría migrar, pero que nunca lo tomé en serio.

Hoy estoy entre el dolor y la tristeza de tener que auto exiliarme porque el país en el que nací no me ofrece a mi ni a muchos mexicanos ningún futuro, porque tengo que dejar a mi familia a mis amigos, mi gente, mi comida, mis colores, mi cultura, mi música, mi historia, también hay mucho de alegría y satisfacción de haber recuperado la esperanza.

Sé que suena terrible, pero también me siento aliviada de por fin salir de este caos, me siento aliviada de que EPN y el PRI no me gobiernen, me siento aliviada de ir a vivir a un país gobernado por un hombre por el que sí hubiera votado no como la opción menos peor, sino como una opción real. Me siento aliviada de ir a vivir en un país en donde las cosas no son perfectas, donde su gobierno no es perfecto, pero se acerca mucho a lo que yo entiendo por un buen gobierno. Me alivia migrar a un país en el que sé que mis impuestos no van a servir para bombardear a otros países o que serán usados para seguir sosteniendo la colonización velada europea en Latinoamérica y África.

Me hace inmensamente feliz trabajar para un medio en el que mis jefes no me ven como un peligro, sino como a alguien que quieren y necesitan dentro de su equipo de trabajo, porque su objetivo es ofrecer un servicio de calidad y competitivo, y no mantenerse en su puestito.

Me enorgullece ser una de los seis latinoamericanos de un equipo de 40 personas, me enorgullece aún más ser la única mexicana.

Me da mucha satisfacción ser egresada de la UAM y de la UNAM, porque este trabajo y los otros que he tenido han sido gracias a lo que aprendí en esas universidades, no gracias a mis amigos, favores o chantajes.

También me da tristeza que lo que México, lo que 120 millones de mexicanos invirtieron con sus impuestos en mi educación no se los pueda regresar trabajando en mi país. Me da mucha tristeza saber que hay miles de mexicanos igual que yo y que no han podido encontrar otras opciones.

Me duele que mi propio país me haya obligado a irme.

2 comentarios en “El exilio forzado

  1. Sinceramente mis respetos.

    Pues como tu bien lo dices el pero de México es la sociedad, lamentable que la mayoría le guste lo sucio, lamentable que piensen que les vas a quitar su empleo cuando debe ser visto desde otra perspectiva, como una oportunidad de crecer y lamentable que acepten lo que les ofrecen por la unica “razón” de que si no eres tu allá afuera hay miles que estan dispuestos hacerlo y por menos. Y mas lamentable que hay quienes sin estudios, no porque no tuvieran la oportunidad si no porqué no lo qucieron, perciban mejores salarios que quienes se han esforzado por entender el porqué de las cosas, por el simple hecho de ser conocidos, familiares, recomendados, buenos lacayos o simplemente barberos como vulgarmente se les conoce.

    Que tengas muchos exitos más.

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  2. Echarle la culpa al país y la situación es de lo más cómodo y sencillo, si eso fuese cierto, el país estaría vacío y no es así. Si te vas es una decisión propia, NO por culpa de otros. Te lo creo en países con guerra, con terribles desastres naturales, etc. pero no en un país en que, aunque la gente se queje, la gente sigue ahí, trabajando. Que bueno que te hayas movido, porque estás viendo por ti, pero tienes esa oportunidad porque tú y tu familia tienen un mínimo bienestar por encima de la pobreza que mencionas, y eso creo que lo deberías agradecer. Esa oportunidad de viajar y obtener experiencia en el extranjero la tienen pocas personas, y no porque no puedan, sino porque en general no se animan a hacerlo. Que bueno que lo hayas hecho, que mal que no sea por ti sino por lo que tú dices “por culpa del país”…

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